Un inglés en apuros

Univision.com | Aug 20, 2007 | 12:00 AM
Cuando conocimos a James, su único problema parecía ser de guardarropa. Vestía siempre con unas boinas horribles y sweaters de nerd. En Londres, James vivía con la controladora Sofía quien decidía sus vida y probablemente ese represivo vestuario. Por acompañar a Sofía al funeral del abuelo Montalvo, James llegó a Jalisco. Un solo trago y se transformó en algo peor que Hulk. James cayó bajo el embrujo de la tierra del tequila.
La única que no compartía su adoración por ese mundo del agave, era Sofía quien añoraba la urbe y no le pareció simpática la idea de su gringo de quedarse a vivir en el campo. Sofía impuso un ultimátum y James prefirió el campo. Durante el año en que Gaviota (Angélica Rivera) anduvo perdida, James conoció Jalisco por los cuatro costados; se empachó de colores y sabores de tequila y pasó a ser parte del paisaje. James iba camino a convertirse en personaje terciario, cuyo único propósito era emborracharse con Rodrigo (Eduardo Yáñez) y escucharle sus cuitas, cuando el guión le otorgó una historia bastante sombría.
James termina trabajando con Melitón (Adalberto Parra), un cultivador de agave. Hospedándose en casa de Melitón, el inglés conoce a la sobrina de su anfitrión quien lleva nombre de mujer y planta, porque Acacia representa el lado oscuro de esa tierra que James ha llegado a amar sin conocer realmente. Tal como se enamorara del jugo del agave, James se encandiló con Acacia. Pasión inexplicable puesto que la chica, aparte de feita, era la antipatía hecha persona.
Huraña, mustia y grosera, Acacia trataba a James con la punta del pie, ponía cara de loca, revolvía los ojos cuando lo veía, y le respondía con gruñidos a la petición constante del gringo de "regálame un vasito de agua". De milagro no le escupía el vaso. No se entendía tanta rudeza, ya que lejos del chalequito de argylle, la boinita y la corbata de pajarita, James dejaba de se un "nerd", al menos en lo físico. Cuando trabajaba descamisado en el campo hasta se veía apetecible. Pero Acacia parecía no verlo, con esos ojos mohínos siempre en el suelo, y esos gestos furtivos de persona que ocultaba algo.
Una noche, cuando el inglés ya desesperaba de lograr algo con Acacia, ésta se le apareció en el cuarto y se le metió en la cama. James honorablemente musitó algo en castellano champurreado de que ella era muy "criatura", para inmediatamente hacer los honores a otra especialidad jalisciense. Lo extraño es que a la mañana siguiente, Acacia había vuelto a su hosquedad habitual.
Más extraño es que ni ese comportamiento esquizofrénico ni la confesión de Acacia de que ella carneaba a los animales que se comían en su casa − verla con cuchillo en mano y esa cara de psicópata daba miedo − disminuyeron la pasión de James. Lo que lo hizo abandonar la casa de Melitón fue descubrirlo en la cama con su sobrina. ¡Ay James, eras el único que no te dabas cuenta!
El inglés ofendido se fue a la Montalveña a abrazar a la hembra que nunca lo traicionaba, la botella de tequila. Pero como tenía negocios con Melitón tuvo que regresar a su casa y a volver al mismo cuento. James le ofreció a Acacia huir juntos, pero ella se negó, arguyendo que mejor solución era sacrificar al tío.
A la que casi sacrifican fue a ella por mañosa. Cuando Tío Melitón descubrió que la chica le pintaba el cuerno con su huésped, la apaleó hasta dejarla en coma y se fue de cantina en cantina repartiendo el cuento de que James le había seducido a la sobrina. Por supuesto todos creyeron lo peor del pobre gringo que aparte de borracho era la inocencia con zapatos. Acacia despertó del coma, pero amnésica.
Este cuento de nunca acabar, terminó como se esperaba, en una gran tragedia. Acacia recobró la memoria, pero siguió negándose a huir con James, ya que la ambiciosa no quería perder las tierras de Melitón. De pronto, Sofía, caprichosa, controladora y reprimida, parecía mejor partido para James que esta Acacia tan chueca y viborita. Pero a Sofía la estaban embaucando en la capital, mientras que James seguía prendado de su flor mustia.
A Acacia se le iban ocurriendo varios planes casi tan feos como ella. Primero, que James matase al tío. Cuando sé se negó, Acacia preparó una ensalada de hierbas venenosas para Melitón. Cuando el estomago del tío resistió la ponzoña, Acacia terminó por atravesárselo con un tridente. Pronto vimos a Acacia correr por el campo con las manos ensangrentadas y más cara de orate que nunca, rumiando que ahora su tío no volvería a hacerle daño ni a ella ni a Mr. James.
El pragmatismo británico de James lo hizo aceptar incuestionablemente el “se fue” de Acacia para explicar la desaparición de Melitón. Hubo entonces boda entre el inglés y la asesina de las trenzas. Pero fue una boda “patética” como la llamó Isadora (Martha-Julia). Tras el matrimonio, Acacia comenzó a sufrir de visiones en las que el asesinadito regresaba a espantarla
Una noche, James descubrió a su mujer llorando en el granero. Ahí ella le confesó que había matado al tío abusador. James salió huyendo a La Montalveña, pero no pudo huir de sus responsabilidades con una mujer que había enloquecido y no de amor como él. Ahora James está atrapado por remordimientos y obligaciones. En esa tierra mágica se cumplió el deseo de Mr. James de quedarse para siempre en Jalisco.
¿Quién podrá rescatar a James? ¿Sofía también atrapada en un matrimonio de mentiras? ¿El egoísta Rodrigo que espera todo de sus amigos, pero nunca levanta un dedo para ayudarlos? ¿O será el destino de James vivir para siempre junto a una mujer que representa el lado perverso de la tierra que ama?
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