El otoño se hizo primavera

Univision.com y Agencias | Feb 17, 2006 | 12:00 AM
Las telenovelas realistas no estaban teniendo mucho éxito últimamente, ya que el público prefería madrastras detectives y esposas vírgenes a mujeres comunes, pero Piel de Otoño vino a cambiar esa situación. Quién hubiera imaginado que la historia de una mujer gris, cuarentona, humillada y despreciada por su familia iba a gustar tanto. Es que en esta historia de Liliana Abud se jugó con la fórmula de la Cenicienta, adjudicándola a una abuelita y a sus amigas, que ya con hijas casaderas, descubrían que el amor dejaba la piel más joven que la crema Pond's.
Excelentes actuaciones de Laura Flores y Maria Marcela como dos mujeres de carne, hueso y arruga que tenían que bregar con pésimos maridos, hijos díscolos y, de paso, recuperar su autoestima. A pesar de su prematura muerte, el personaje de la sabia Triana, interpretada por Raquel Olmedo, fue indispensable en la transformación física y moral de sus protegidas. Piel de Otoño nunca pecó de los defectos comunes de las novelas realistas, nunca cayó en el sermón, siempre conservó su esencia romántica y humana y por eso sería aconsejable, aun más en vista del éxito que tuvo, que anualmente se hiciese una historia parecida.
Piel de Otoño gozó también de muchos personajes y subtramas que acapararon la atención de los espectadores. Sería difícil escoger al mejor de todos. No obstante, una cualidad que define la calidad de un personaje es una evolución lógica a través de la trama. En esta telenovela, aparte de Lucía, la mayor transformación se dio en su hija Liliana, interpretada por Florencia Sarcho.
Liliana comenzó la telenovela como uno de los personajes más antipáticos. Una mocosa berrinchuda, hija de papi, que trataba a su madre con la punta del pie, Liliana se iba tras el novio a España y cuando quedaba embarazada y él no la apoyaba, se sacaba rapidito el problema de encima regalando a la bebé. Luego volvía a México fingiendo ante todos ser santa y virgen. En esta etapa, Liliana era odiada por el público, ya que más la preocupaban sus nuevos romances que la hija que había abandonado.
Poco a poco, Liliana fue cambiando. Se atrevió a verle defectos a su Papi, cuando lo descubrió en líos de faldas; aceptó su responsabilidad de madre, aunque con eso ponía en peligro su romance con Eduardo y separada de éste comprendió por fin el sufrimiento de su madre. Al final hemos visto a otra Liliana, una que con seguridad luchó en los tribunales por la custodia de su hija; una que con humildad aceptó su amor por Eduardo ¿y qué decir de la Liliana que revólver en mano, y con una bala en el cuerpo, rescata a su hija de los brazos del padre-secuestrador?
¡Qué villanazo!Para el final dejamos los elogios al mejor personaje de Piel de Otoño: el incorregible Ramón. Sergio Goyri dio cátedra en esta interpretación de un ser despreciable que sin embargo, gracias a tintes cómicos resultó simpático y divertido. Ramón era un macho mexicano orgulloso de pertenecer a una estirpe de machistas. Este perpetuador de la institución de la "casa chica", convivía feliz con una esposa abusada y una amante frustrada y cuando ambas se le alborotaron descubrió que ni aun con piraterías virtuales se podía ser feliz a costa de la dignidad ajena.
En la escena final, un Ramón completamente fracasado como padre, esposo, amante y profesional, sólo encuentra una dramática salida; presentarse armado a la iglesia a impedir el segundo matrimonio de su ex. El público contiene la respiración, se cuentan los segundos....y Ramón se da cuenta de que va a hacer el ridículo. Silenciosamente baja el revolver y se aleja.
Una gran escena final que encierra la moraleja de la historia: los hombres como él son presencias ridículas y deberían ser invisibles en nuestras vidas. Si Ramón hubiese disparado, Piel de Otoño hubiese perdido todo merito. Al no hacerlo y emprender una retirada, rabo entre las piernas, el machismo se retiro con él, ambos igualmente derrotados.
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