El Síndrome Jane Eyre

El Síndrome Jane Eyre

Mariangela es una digna clon de Jane Eyre. Enamora a su patrón y le cuida a su hijo. - Univision.com

En la novela europea del siglo XIX, principalmente la victoriana, aparecía un nuevo tipo de heroína, la institutriz. A la originalidad de tener una protagonista que trabajaba se aunaba el detalle de que ésta terminaba atrapando un marido entre sus patrones. Becky Sharp, de La Feria de las Vanidades de William Thakeray, y Jane Eyre, de Charlotte Bronte, son los ejemplos más recordados de este tipo de literatura que a su vez imitaba a la vida real. En esa época, desempeñarse como institutriz era el único camino decente abierto para una mujer instruida, de buena familia y sin recursos. Lamentablemente, en un mundo condicionado por el status social la institutriz era un ser inadaptado, demasiado alta para sirvienta, demasiado baja para señora.

Estas mujeres estaban condenadas a vivir situaciones irregulares que muchas veces afectaban su vida romántica. Las novelas no mentían al describir como los hijos de familia trataban a las institutrices como objetos sexuales con quienes se divertían. Hay incluso casos famosos. Lawrence de Arabia fue el producto de la relación de una institutriz con su patrón. Un final feliz tuvo la relación de una institutriz con su famoso empleador, Sir Arthur Conan Doyle, quien la convirtió en su segunda esposa. El autor de Sherlock Colmes novelaría este romance en una de sus historias de detectives: Incident at Thor Bridge.

El romance institutriz-patrón saltaría de las paginas de la novela al teatro, al cine y a la televisión. La ficción latinoamericana no ha sido ajena este fenómeno y ha tenido por protagonistas su buena cantidad de institutrices, maestras e incluso religiosas como era el caso de Sor Noelie, la heroína de Metamorfosis, la sensual novela de Federico Gamboa.

¿Habría leído esta novela mexicana, Abel Santa Cruz? La temática se asemeja a la historia de Carita de Ángel. Un viudo millonario y mujeriego se obsesiona románticamente con la monja que enseña en el internado de su hija. El guionista argentino utilizó ese argumento para desarrollar una historia inocente y optimista muy alejada de la sensualidad decadente de Metamorfosis y más cercana al romance tipo La Novicia Rebelde, pero que describe como una madre sustituta puede fustigar la pasión del padre de la criatura que ella protege

No obstante, varias telenovelas han utilizado el esquema gótico y oscuro creado por Charlotte Bronte para narrar la historia de madres sustitutas que cambian la vida de los niños que cuidan y que desarrollan un interés sentimental por sus patrones. Las características de estas historias incluyen una mujer huérfana con un pasado complicado que funge de maestra, institutriz o incluso nana de una criatura adinerada, pero carente de afectos y expuesta a múltiples negligencias.

La historia puede tener diversas variaciones. La madre sustituta puede ser una extraña que reemplaza a otra mujer que es su clon. Esto ocurría en La Usurpadora y de la Otra. El patrón puede ser viudo como Humberto Zurita, en Alguna Vez tendremos Alas; casado como en el caso de Gabriel, de Mundo de Fieras; divorciado como Saúl Lisazo, en Vivo por Elena ; o, incluso como Rochester en Jane Eyre, el héroe tener una esposa oculta en algún lugar.

Lo importante es que la heroína debe traer, como Jane Eyre, un pasado de carencias afectivas y orfandad que le permita acercarse a la criatura a la que debe amparar. Mariangela, de Mundo de Fieras, no ha conocido a su padre y viene cargando el sufrimiento de tener, tal como Luisito, una madre que sufre de una enfermedad mental. Carlota, de La Otra, podía entender a Natalia porque ambas habían sufrido en carne propia el martirio de tener una mala madre. Su pasado de miseria y abusos predisponía a Ana, de Alguna Vez Tendremos Alas, a proteger a Alejandra.

Existe una versión de Jane Eyre hecha para telenovelas a fines de los 70’s. Se llamó Ardiente Secreto y fue el primer estelar de Daniela Romo. Joaquín Cordero era su atormentado patrón, quien en el México porfiriano buscaba casarse con la institutriz de su hija, pero sin contarle que tenia una esposa alcohólica encerrada en el desván.

Uno de los mejores ejemplos de este síndrome Jane Eyre se dio en la excelente El Manantial del Milagro (1974) del dramaturgo Vicente Leñero. Adaptada por la sin par Fernanda Villeli, maestra de la telenovela gótica, El Manantial describía las aventuras de Matilde (Julissa) una maestra de escuela que tras la muerte de su madre y la traición de su novio ingresaba a un convento. Obligada a abandonar sus votos, Matilde terminaba de institutriz en casa de Pablo (Enrique Álvarez Félix), un millonario atormentado que, tal como el Rochester de Jane Eyre, tenía una esposa demente, una hija que posiblemente había heredado la enfermedad materna, una mansión misteriosa, y una familia siniestra.

Aparte del encanto gótico del tema ¿en que radica la atracción del romance patrón-institutriz? En el caso especifico de Mundo de Fieras, está la dicotomía entre el personaje noble e ingenuo de Mariangela y la perversa Fiera Jocelyn. Mariangela encarna a la luz de la razón y la bondad que ilumina el oscuro Mundo de Fieras que atrapa a Gabriel y a su hijo Luisito. Yendo aún más alla, el romance telenovelero entre un hombre y la extraña que lo ayuda a criar a sus hijos representa una fantasía contraria a la realidad.

En el mundo real los hijos ajenos muchas veces pueden destruir a una pareja. O los niños no aceptan que alguien reemplace a su madre (o padre) o la nueva esposa se siente incomoda ante este recuerdo vivo de los amores pasados de su marido. En la telenovela esto no ocurre. La heroína añade a su lista de virtudes la capacidad de amar a los hijos de otra, incluso más que la verdadera madre de los susodichos, y no sentir ni celos ni sospechas de ellos. El síndrome Jane Eyre, es entonces una apología al altruismo de la heroína y a sus intensos sentimientos maternales que no están circunscritos solamente a los hijos de su sangre.