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Enrique Álvarez Félix a 15 años de su muerte es recordado por sus telenovelas

Enrique Álvarez Félix y María Félix

Enrique Álvarez Félix participó en telenovelas como Colorina, De Pura Sangre y Marisol.

- Mezcalent.com

A 15 años de su fallecimiento, el actor mexicano Enrique Álvarez Félix, hijo de la diva mexicana María Félix, quien tuvo una carrera destacada en cine, teatro y televisión, es recordado por su participación en la pantalla chica, con éxitos como Rina, Colorina y De pura sangre.

Su última actuación en la televisión fue en Marisol, producida por Juan Osorio y protagonizada por Erika Buenfil y Eduardo Santamarina, en la que interpretó a Leonardo Garcés del Valle y que actualmente se retransmite en un canal de televisión de paga.

El histrión, quien vivió de una manera discreta y nunca se casó, nació el 6 de abril de 1934, en Guadalajara, Jalisco, y falleció el 24 de mayo de 1996, a los 62 años, víctima de un infarto, durante las grabaciones de dicha teleserie, por lo que fue homenajeado en el capítulo final.

El artista luchó por "ser un verdadero actor y brillar con luz propia", lejos de la sombra de su madre, María Félix; fue fruto del primer matrimonio de "La Doña" con el ingeniero Enrique Álvarez, un próspero fabricante de zapatos.

“Quique”, como le decían sus amigos, continuó una tradición de las familias de abolengo, estudió la carrera de diplomático, pero, cuando entregó a su madre el título obtenido con honores, se dedicó a lo que realmente le interesaba: ser actor de cine, teatro y televisión.

Más tarde se separaron sus progenitores, por lo que Enrique Álvarez vivió primero con su padre, hasta que su madre se lo llevó por fin con la ayuda de su entonces esposo, el laureado cantautor Agustín Lara.

Desde entonces, madre e hijo estuvieron muy unidos, no obstante que ella lo envió a estudiar a Canadá, Estados Unidos y Francia en colegios militares, para que aprendiera a ser disciplinado, según decía ella.

Con 32 años de carrera actoral, Enrique se inició en el cine con un pequeño papel en la película Simón del desierto (1964), dirigida por el español Luis Buñuel, pero él se sentía más bien un actor de televisión y teatro.

Alcanzó la fama con el filme Los Caifanes (1964), dirigida por Juan Ibáñez, y aunque participó en unos 20 filmes, aseguraba que "el cine es un sarcófago que no está en mi vida, lo que existe es la televisión, lo mejor del mundo, y el teatro que está a la altura de cualquier país: ahí es donde deben estar los actores".

Su participación en teatro, la consolidó en obras como El hombre de La Mancha, Alerta en misa y en Los encantos del divorcio.

Álvarez Félix era un hombre habituado a la lectura y le gustaba viajar mucho, por lo que decía que se tomaba su año sabático después de cada telenovela para descansar y viajar, pero no como turista, sino en plan de estudio tras la conquista de más cultura.

Consideraba el escándalo como el precio que debía pagar el artista por la fama. Comentaba que desde pequeño vio cómo pagaban su precio las celebridades, vio cómo su madre enfrentaba esas cosas y aprendió desde entonces a no darle mucha importancia. Agregaba que siempre se van a inventar cosas de la gente famosa, pero por suerte, no se consideraba una celebridad, ni nada por el estilo.

En cine participó en filmes como Los cuervos están de luto, Las dos Elenas (ambas de 1965), Requiem por un canalla (1966), Laberinto de pasiones (1970), El amor tiene cara de mujer (1973), y La casa del pelícano (1977).

Nunca actuó al lado de su famosa madre, aunque siempre se tuvo el proyecto en mente y hasta se llegó a trabajar el guión, basado en una novela de Carlos Fuentes, en los años 70.

Álvarez Félix se definió a sí mismo como un actor al que le gustaban las historias sencillas "de amor, familiares, los hechos que la gente puede considerar como suyos, que lleguen, en las que se pueda creer".

Defensor de las telenovelas, decía que éstas trataban temas reales que a la gente le llegaban de forma verdadera, además que consideraba que a través de este medio podía atraer público hacia lo que más le interesaba hacer: ser actor.

En dicho género destacó con éxito en títulos como Corazón salvaje (1966), El retrato de Dorian Grey (1969), Yo sé que nunca (1970), Mi rival (1973) Lo imperdonable (1975) y Rina (1977), al lado de Ofelia Medina.

En 1980 protagonizó, junto a Lucía Méndez, el melodrama Colorina, el cual tuvo un rotundo éxito a pesar de las restricciones del gobierno al cambiar de horario. Posteriormente intervino en “De pura sangre” (1985), en la que causó revuelo al interpretar a un impotente sexual.

Alvarez Félix también destacó dentro del reparto de Tal como somos (1987), en la que nuevamente interpreta el papel antagónico, Luz y sombra (1989), La sonrisa del diablo (1992) y Marisol (1996).

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