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Jorge Alfredo llegó para quedarse

María ve a Jorge Alfredo en el bar, le reclama que no haya llamado, fue muy grosero de su parte.
Jorge Alfredo resulta ser un coqueto, le regala un ramo de rosas a María. Ha vuelto para verla.
La mira con tal ternura que parecería que se ha enamorado por completo.
Ella le sonríe sinceramente, eternamente perdida en esas rosas.
“El Coloso” está muy molesto porque Jorge sigue ahí.
Tratan de calmarlo, pero asegura que le hará ver las cosas muy claras.
Jorge le explica a María por qué no puede regresar a Los Ángeles y necesita un nuevo lugar para quedarse.
Ella promete ayudarlo, de nuevo.
Entonces existen… los ángeles. Es su ángel de la guarda.
Una hermosa y sensual mujer llega al bar.
Don Concho conoce a Jorge, le cae muy bien, se identifica, ya que vivió mucho años en Los Ángeles también.
Esa mujer tan atractiva es la hija de Don Concho, y está dispuesta a conocer al apuesto hombre que acompaña a su padre.
“El Coloso” dedica una canción a las visitas del extranjero… ¡Aguas con la pedrada, Santos!
“Estos celos me hacen daño, me enloquecen. Jamás aprenderé a vivir sin ti.” Entona “El Coloso” para María.
La canción pega, y duro. La mirada de Santos se clava en el escenario, sabe que tendrá una guerra que librar si piensa estar cerca de su ángel.
Fabián le dice a Rubén que arriesga demasiado al buscar a María todas las noches, pero no puede dejar de pensar en ella.
Amalia no soporta que su amiga le diga que Jorge Alfredo es el hombre que María esperaba, pero han sido las cartas y con el destino no se juega.
María le deja claro al “Coloso” que no volverá a hacer una mala jugada con las canciones.
Él está enamorado y ciego, sólo quiere que María le haga caso.
Cargado de coraje, “El Coloso” se cambia en su camerino.
De pronto siente que unas manos lo rodean.
Es la hija de Don Concho, lo agarra a besos.
María no puede creer que sus problemas con los hombres no terminen, Rubén del Olmo está esperándola.
Jorge Alfredo está sentado con él en la mesa.
Brindan, hombres igual de millonarios pero en condiciones tan distintas.
La hija de Don Concho es imparable, ahora se despide cariñosamente de Jorge.
María rechaza la invitación de Rubén, porque acompañará a Jorge, el pudiente hombre se marcha molesto.
Ya en el camino, Jorge escucha una tonada salir desde un organillo y comienza a cantar. Lo hace muy bien, tiene impactada tanto a María que parece asustada.
Voltea y lo ira cantar, está perdida de amor, ya, no se diga más.
María le dice a que canta muy bien, debería hacerlo seguido. Él no escucha dos veces y le canta con amor.
Ahora los dos, cantan entregados a esa melodía dulce de la noche.
Todos en la calle aplauden. Les dice que su amor es algo muy bonito.
Jorge le dice a María que su abuela lo enseñó a cantar.
Amalia llama al “Coloso” para preguntarle si ha visto a María, pues no ha llegado a casa y ya es muy tarde.
Doña Prudencia es la dueña de la pensión, cree que María y Jorge buscan un cuarto para… pasar la noche.
Ellos aclaran la situación y le consiguen un buen lugar a Jorge, al parecer Prudencia es una noble mujer.
Él la acompaña a su casa, le agradece de nuevo.
Está a punto de besarla.
Pero sabe que no debe hacerlo, pues se irá pronto.
Ella se queda con el beso en los labios, sonriendo.

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