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En este siglo las telenovelas han cambiado de rostro y temáticas. ¿Están mejor ahora?

Su amor será un Sortilegio

- Mezcalent.com

¡Fuera tabúes!

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Perdura la heroína virtuosa

Dicen que tiene 51 años, otros dicen que es más vieja. Se puede discutir la fecha de  cuando nació la telenovela hasta la náusea. Lo indiscutible es que ha evolucionado. Efectos tecnológicos y cambios sociales la han desmaquillado y maquillado nuevamente. ¿Han sido esos cambios para bien o para descrédito del género?

Como toda diva, la Señora Telenovela quiere verse guapa y rejuvenecida, para eso se somete a cirugías, tratamientos y modas que no todas las veces le sientan. Pero algunas cosas  en ella siguen siendo iguales. La heroína ideal debe seguir siendo virtuosa, inocente y hasta virgen. A veces  aunque esté casada, como ocurría con la Fernanda (Silvia Navarro) de Mañana Es Para Siempre. Puede haber sido violada como Adela Noriega, en  Fuego en La Sangreo viuda como Marlene Favela en Amor Sin Maquillaje, pero debe ser ingenua y casta.

Los intentos por tener heroínas sexualmente activas y conocedoras de varios hombres, como las de Yo Amo A Juan Querendón y Amar Sin Límites,  fracasaron. La heroína sigue teniendo que ser de un solo hombre y en general tan ignorante del sexo que crea haber sido violada con un beso como le ocurría a Marichuy (Maite Perroni), en Cuidado Con El Ángel. Tanta virtud siempre es recompensada con maridos millonarios como le ocurre a Maria José (Jacqueline Bracamontes), en Sortilegio.

Sin embargo,  las heroínas se han vuelto más independientes, tienen profesiones, manejan negocios, viajan y hasta abandonan al marido infiel fingiendo estar muertas como la Candy ( Jacqueline Bracamontes) de Las Tontas No Van Al Cielo, o vengándose del jefe-amante que las traicionó como La Fea Más Bella.

Violencia gráfica
Donde la telenovela más cambia es en el aspecto visual. Los efectos especiales, las tomas más audaces, la alta definición y  la necesidad de hacer las escenas ultra realistas, han cambiado la fisonomía de una telenovela. Como en toda forma de entretenimiento visual, la violencia tiene su espacio privilegiado. Aunque el género, ya desde el radioteatro, tenía esos tonos truculentos, ahora se puede ver a los personajes desangrarse, achicharrarse y hasta perder miembros en ese exceso de gore realista que tanto parece gustarnos.

Carla Estrada ha aprovechado la licencia que dan las producciones históricas para recrear escenas de gran crueldad.   Las torturas a las que es sometido el guerrillero Amadeo Corona (Rafael Rojas) en Amor Real, los suplicios de la Inquisición que se atreve hasta a azotar a Lucero en una plaza pública en Alborada y las travesuras de corsarios que en Pasión abordan barcos,  dejando  cabezas decapitadas en  cubierta, son ejemplos de cómo la productora estrella de Televisa maneja la violencia que  tiñe de rojo sangre el rosa de la telenovela

Salvador Mejía es otro que gusta recrear mundos gráficamente violentos, poblados de villanos grandiosos que cometen sangrientas fechorías. En Fuego En La Sangre,  utilizó técnicas casi de western para fabricar un espacio donde la violencia parecía ser el único medio de comunicación y en donde las violaciones, los balazos, golpes y hasta una mujer enterrada viva eran descritos con un lujo de  efectos visuales.

Le sigue Juan Osorio, quien en el primer capítulo de Tormenta En El Paraíso  nos mostró a un René Strickler agonizante, con una repugnante herida en el pecho donde estaban más que expuestas sus vísceras, sangre y carne chamuscada por una explosión. A la par de esas escenas, ocurría la masacre y el incendio en Casa de los Rosemberg. No solo los efectos visuales se ponen al servicio de escenas tremebundas. También el maquillaje ayuda a mostrar cómo queda una víctima del machismo tal como lo vimos cuando Erika (Marisol del Olmo), en Mañana Es Para Siempre, es apaleada por Camilo (Roberto Palazuelos)

Mueren los tabúes
El realismo visual no se limita únicamente a escenas violentas. En la nueva telenovela temas antes tabú  ahora pueden exhibirse. En Amor Real, tras el aborto de Marie (Maya Mishalska), Chantal Andere salía de su  cuarto con un lavatorio lleno de sangre y lo que parecía ser restos del feto. En Tormenta En El Paraíso el nacimiento de la heroína fue brutalmente explícito, con la Cauduro manchada con sangre y un bebé ensangrentado y con el cordón colgando,  posado en su panza de silicona.

La revolución sexual y el decrecimiento de las censuras, afectaron  la temática y  el rostro visible de la telenovela. Si en los 60 un tórrido beso era la única explicación para un embarazo de la heroína, hoy las parejas comparten camas, y no siempre se ocultan bajo las cobijas para dar rienda suelta a su pasión. En cuanto a lo que se puede ver, ya hay poco que ocultar. Sea de espaldas o de perfil las actrices lucen más que cuando andan en bikini. Y Carla Estrada ha traído la paridad sexual a las telenovelas exponiendo las partes más atractivas de William Levy, en Sortilegio.

Al amparo de sus producciones históricas, Doña Carla es quien se ha atrevido a romper tabúes en las telenovelas. Ha sido muy realista en las descripciones de la fisiología humana. A Adela Noriega se le secaba la leche en Amor Real, y Lucero y Mariana Karr orinaban en Pasión. Aunque más escandaloso fue su villanesco Conde De Guevara (Luis Roberto Guzmán), que vivía en funciones de orinales fuese vomitando o defecando en público.

Por otro lado, la Sra. Estrada es una pionera en describir conductas sexuales alternativas. Mostró la tragedia de un impotente en Amor Real, de un hombre abusado en su infancia que duda de su heterosexualidad en Alborada,  y ahora en Sortilegio, se atreve a explorar el mundo de la bisexualidad con los personajes de Roberto (Marcelo Córdoba) y Ulises (Julián Gil).

Sortilegio será la primera en tratar la bisexualidad, pero la homosexualidad masculina lleva una década formando parte de la telenovela. Desde clichés de peluqueros y modistos afeminados y amanerados como el tóxico Loreto (Miguel Pizarro), cómplice y vestidor de Rubí, hasta un personaje tan intenso y positivo y realista como fue el Tío Meño (Manuel “Flaco” Ibáñez),  de Las Tontas No Van Al Cielo. Y la irreverente y vanguardista Alma De Hierro terminó con una boda gay entre el simpático abuelo Hierro (Rafael Inclán) y su pareja (Luis Gatica).

Sin embargo, todos estos cambios no son más que  una inyección de bótox  en una piel que sigue siendo conservadora. La telenovela continúa predicando (aunque sus personajes no la practiquen) castidad antes del matrimonio. Es el último lugar en la televisión donde los personajes rezan, creen en la Virgen y en los santos y esperan milagros, y a pesar de que la mayoría de sus familias son disfuncionales, las telenovelas siguen siendo un bastión de los valores domésticos.

¿Qué cosas te gustaría que cambiaran en las telenovelas? ¿Qué cambios no te han gustado?


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