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20 telenovelas inolvidables

Un 9 de junio de 1958 a las 6:30 pm salía al aire por el Canal 4 de Televicentro, Senda Prohibida, la primera telenovela mexicana. ¿Quién se iba a imaginar entonces que un mero proyecto experimental,  inspirado por un exitoso radioteatro, iba a convertirse en el programa televisivo latino por excelencia y a conquistar fanáticos en todo el mundo?
En 1971 se realizó Muchacha italiana viene a casarse,  la primera telenovela mexicana que alcanzaría fama en todo el continente. Tanta fue la popularidad de la saga de la emigrante napolitana- quien con chantajes consigue empleo en la casa de unos estrafalarios y misteriosos millonarios- que,  por primera vez, se dio el fenómeno de tener que alargar una teleserie. La historia combinaba los elementos necesarios para ser un éxito: un romance amor-odio; una respetable familia que ocultaba siniestros secretos; una mansión lóbrega llena de pasadizos escondidos, y un héroe con tantos defectos como enemigos. Angélica María como Valeria Donati y Ricardo Blume como su "Giovanni Francesco" se convirtieron en una de las más recordadas parejas de los culebrones.
Si las telenovelas ya habían conquistado al continente americano fue con Los Ricos también lloran (1979) que conquistaron al mundo entero. Millones de espectadores lloraron junto a la huerfanita Mariana interpretada por Verónica Castro. Adoptada por un millonario, Mariana termina casándose con el hijo mayor de este. La popularidad de la telenovela obligó a un aumento de capítulos que llevarían a la heroína a perder la razón y abandonar a su hijo en un parque, para volver a encontrarlo quince años más tarde.
A fines de los 70, Arturo Moya Grau inventaba para la televisión chilena una heroína "sui generis", cabaretera, alcohólica y casi una prostituta. En 1980, Televisa creó su propia versión de La Colorina, y al igual que en Chile, el cuento de una rumbera que se embaraza de un millonario y accede a venderle a su hijo, causó escándalo y sensación. Lucía Méndez, famosa en esos años por sus papeles de ingenua en Mundos Opuestos y Viviana, accedió a darle vida a Fernanda. La subtrama, en que Colorina regresa años más tarde con tres hijos entre los cuales el héroe debe descubrir al suyo, ayudó a aumentar la popularidad de la telenovela. En el 2001, Colorina pasó a ser rubia y se convirtió en La Güera Salomé apuntándole otro éxito a Edith González.
Felix B.Caignet triunfó en los años 20 con su radioteatro El Derecho de Nacer, un dramón lleno de intrigas, sexo y racismo. Fue llevada a la pantalla grande y en Cuba se hizo una telenovela. Televisa no se quedó atrás y tres veces ha narrado la historia de Albertico Limonta  y sus madres: la blanca y aristocrática Maria Elena del Junco y María Dolores, una humilde negra. Brilló por su calidad la que en 1981 produjo Don Ernesto Alonso, con una ambientación fidedigna del Veracruz de los 50  y la Vero Castro en el papel de una hija de familia que enfrenta el drama de ser madre soltera.
Espectadores de todo el mundo han aprendido historia de México gracias a las producciones históricas de Don Ernesto Alonso. Desde Carlota y Maximiliano en 1965 hasta La Antorcha Encendida en 1996, este subgénero ha dramatizado los eventos más importantes de la historia mexicana alternando personajes reales con ficticios para describir sucesos que marcaron a la nación azteca durante la Era Colonial, la Insurgencia, El Segundo Imperio, la Reforma, El Porfiriato y la Revolución mexicana. Fue en 1986 que se realizó la más ambiciosa y galardonada de estas producciones, Senda de Gloria,  que abarcaba la vida del México en el Siglo XX, desde 1919 hasta 1939.
Las telenovelas han visto muchas villanas, pero ninguna tan mala como Catalina Creel de Cuna de Lobos. María Rubio se hizo famosa en el mundo como esa respetable matriarca que detrás de su parche de seda ocultaba un ojo sano y un cerebro de archi-criminal. Estafadora, secuestradora de niños  y asesina en serie, la Sra. Creel tenía como única excusa el amor que sentía por su "joven lobo" (Alejandro Camacho). Casi tan magistrales como María, estuvieron Diana Bracho y Rebeca Jones que dieron vida a las trágicas nueras de Catalina. Las escenas de amor entre Rebeca Jones y  Alejandro Camacho resultaron sospechosamente reales y efectivamente iniciaron un romance durante la filmación de Cuna, que culminó en matrimonio.
El género juvenil nació a fines de los 80 y de la mano de Carla Estrada. La primera telenovela juvenil se llamó Quinceañera y fueron sus protagonistas un par de caritas no muy conocidas pertenecientes a una tal Adelita Noriega y a una miembro del grupo musical Timbiriche, llamada simplemente Thalía. Fue una historia que hizo época, combinando lo rosa, para siempre asociado con los vestidos que las heroínas usan para su baile de quince años, con algunas temáticas crudas para ese entonces tales como la drogadicción, la violación, los embarazos adolescentes y  la delincuencia juvenil. Sebastián Ligarde se robó la novela como el villano Memo que se hizo inolvidable con su peinado "punk" y sus famosas expresiones como "Serena, Morena".
Las telenovelas infantiles han tenido muchos éxitos y uno clásico fue Carrusel en 1999. Basado en Jacinta Pichimahuida de Abel Santacruz, Carrusel narraba la vida de una maestra de primaria y su díscola clase. Gabriela Rivero fue la dulce maestra Jimena cuya vida parecía no existir fuera del espacio escolar. Entre los niños, destacaba la presumida María Joaquina interpretada magistralmente por la debutante Ludwika Paleta.
Cuando Simplemente María fue hecha en Perú, en los 60, se convirtió en el primer fenómeno telenovelero en cruzar el continente. La escritora Celia Alcántara hizo historia con la saga de la pueblerina analfabeta que llega a la gran ciudad y es engañada por un niño bien. El hecho de que esta Cenicienta lograra salir adelante por su trabajo la diferenció de sus pasivas contemporáneas y la convirtió en un ejemplo positivo para la mujer. Una historia tan potente tuvo que volver a hacerse. La última vez fue en 1989 con Victoria Ruffo en el protagónico y se convirtió en una de las telenovelas mexicanas más vendidas en el mundo.
Luis de Llano a comienzos de los 90 comenzó a ensayar con un nuevo género, la telenovela musical y su primer gran éxito fue Alcanzar una estrella. Esta era la historia de Lorena, un patito feo (Mariana Garza), que vive alucinando por un cantante de rock (Eduardo Capetillo). El alto rating ameritó una secuela, Alcanzar una estrella II,  en donde sobresaldrían Ricky Martin, Sasha y Bibby Gaitán.
Emilio Larrosa impuso un patrón de telenovela juvenil en 1991. Kate del Castillo, Cecilia Tijerina, Emma Laura y Tiaré Scanda eran las Muchachitas, cuatro jovencitas de diferentes estratos sociales. El esquema de seguir la vida de un grupo de amigas sería reutilizado por Larrosa en proyectos futuros como Soñadoras y Amigas y Rivales, donde el productor trataría temáticas más audaces como la drogadicción y el SIDA.
En los 90, la trilogía de las Marías convertiría a Thalía en la reina de las telenovelas. Aunque  las tres estaban basadas en éxitos anteriores, fue la presencia de la ex Timbiriche, la que les daría a las nuevas versiones un gran arrastre con el público. María Mercedes (1992) inició la serie que sería seguida por Marimar (1994) y sellada por María la del Barrio. Fuese como vendedora de boletos de lotería, costeñita o pepenadora, Thalía hechizaba con sus travesuras y cómico lenguaje. En María Mercedes curaba a su esposo de impotencia y peleaba con Laura Zapata, su hermana en la vida real; de recolectora de basura pasaba a gran dama en María la del Barrio; pero fue pero fue en Marimar donde Thalía se lució interpretando a una costeñita que se casa con un niño bien que la abandona y la humilla, hasta el punto que debe reinventarse y renacer como una diosa de venganza.
Hoy en día es común ver en una telenovela personajes que hablan spanglish, galanes traileros, y cantantes gruperos, pero en 1993, cuando Emilio Larrosa produjo Dos mujeres un camino, el concepto era revolucionario. Dos mujeres contaba la historia de Johnny (Erick Estrada), un trailero de Tijuana que se encontraba dividido entre dos mujeres, al mismo tiempo que vivía entre dos culturas, la mexicana y la americana. Junto a las aventuras galantes del trailero, Larrosa incluyó una subtrama que involucraba al entonces popular grupo musical Bronco, y que permitió la incursión en las telenovelas de la siempre recordada Selena.
La Mentira, de Caridad Bravo Adams, tiene un récord de éxitos, ya que  tanto en formato de libro como en filme y telenovela ha causado revuelo. Marga López, Julissa, Maricruz Olivier y  Daniela Castro han dado vida a la desdichada Verónica cuya única culpa es tener un nombre que comienza con "V" y una prima con alma de víbora. En 1998, La Mentira volvió a la pantalla chica con olor a tequila y una pareja de primer impacto formada por Kate del Castillo y Guy Ecker.
Dos veces en la pantalla y otras tantas veces convertida en telenovela, pero la tercera fue la vencida. En 1993, los televidentes presenciaron la telenovela más romántica de todos los tiempos, la pareja más apasionada del género, y un rol que haría inmortal a Eduardo Palomo. Escrita por Caridad Bravo Adams, Corazón salvaje, narraba la erótica atracción de una novicia por el amante de su hermana, un pirata contrabandista apodado Juan del Diablo. Las playas de Nayarit sirvieron de marco a esta pasión tormentosa que, a diferencia de otras versiones, no esperaba al último capítulo para consumarse. Notables por su sensualidad y buen gusto fueron las escenas de alcoba de Juan del Diablo y las hermanas de Altamira. Edith González estuvo exquisita como la novicia "Santa Mónica" e  igualmente impresionante estuvo Ana Colchero como la trágica Aimeé.
Emilio Larrosa se convirtió en el maestro de la tragicomedia humana en 1995 con El premio mayor, la historia de un típico naco de barrio que al volverse millonario gracias a un milagroso billete de lotería, da lecciones de mal gusto. Carlos Bonavides hizo carrera como el mujeriego Huicho Domínguez que se traslada de su barrio al Pedregal, sólo para ir perdiendo paulatinamente a toda su familia. Conmovedora estuvo Sasha como la hija adoptiva del Huicho, maltratada y humillada por éste. Laura León era Rebeca, la sufrida esposa del nuevo rico, que al final se harta de tanta nacada y cornamenta y se busca su propio millonario. El Premio mayor suscitó una secuela, Salud, dinero y amor, en donde Huicho recibe un justo castigo que le permite redimirse.
Lucero se ha caracterizado por dos cosas: hacer pocas telenovelas y regalarnos cada vez con caracterizaciones vibrantes. La más memorable fue en 1995 cuando dio vida a unas trillizas en Lazos de Amor. Extraordinaria estuvo la Sra.Mijares como la sencilla María Guadalupe, la ciega María Fernanda y la perversa María Paula. Fue en este último rol donde Lucero demostró su versatilidad al interpretar a una promiscua asesina que se consume por una pasión incestuosa por su tío (Otto Sirgo). El final fue espeluznante y abierto, puesto que el público nunca tuvo la seguridad de que María Paula se hubiese realmente suicidado y no estuviese ahora usurpando el lugar de María Guadalupe.
Aunque Bodas de Odio, su primera versión, tuvo mucho éxito, no fue comparable al fenómeno que causó Amor Real. La historia de una esposa mentirosa y de un esposo violento que entre gritos y peleas descubren el significado del verdadero amor, con un trasfondo de guerras y revoluciones. Adela Noriega y Fernando Colunga se convirtieron en los reyes de la telenovela, pero el elenco en pleno se lució con actuaciones impresionantes, entre ellos Ana Martin, Mario Iván Martínez y Ernesto Laguardia, sin olvidar la última caracterización de Mariana Levy como la fea Finita.

En los 60, cuando la telenovela todavía no tenía fisonomía propia se experimentó con la heroína malévola, y la más diablilla de ese grupo fue Rubí, creación de Yolanda Vargas Dulché, pero en su reencarnación del 2004, Rubí se volvió humana y conquistó nuestros corazones. Bárbara Mori trasladó talento y cuerpazo a Televisa para dar vida a la coqueta colegiala que va por el mundo aplastando corazones y escrúpulos con sus altos tacones . Vestida de rojo y escoltada por su fiel escudero y modisto Loreto, La Descarada, como la denominó el tema musical, pasó por distintas camas y diferentes millonarios, sin dejar nunca de amar a su Alejandro (Eduardo Santamarina).

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