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Boda, plaga y pacto suicida en "Triunfo del Amor"
William Levy y Maite Perroni en Triunfo del amor
- Mezcalent.com
¿Te gustó el final?
Hay novelas que uno cree no acabaran jamás. Les meten tanta subtramas e historia rara que ya parecen los seriados dominicales de nuestros abuelos y dan la impresión de que serán eternas. Pero hasta a Triunfo del amor se le acabó la cuerda y anoche llegó a su final. ¿Qué les gustó de ese final?
Lo mejor del Triunfo
Si me lo permiten, tengo que decir que lo que me gustó fue lo mismo que me gustó desde el comienzo: Levyrroni. Más allá de la química que tienen como pareja, William y Maite se anotaron otro par de personajes queribles. Max y María Desamparada fueron muy lindos por dentro y por fuera. Sufrieron tanto que ya uno quería verlos felices como los vimos anoche vestidos de novios, tan primorosos como escapados de un pastel de bodas. Los quisimos porque eran los únicos buenos y puros en un mundo de truhanes egoístas.
Bueno, también eximimos de esa lista de bellacos al Padre Juan Pablo, una muy bonita caracterización de Diego Olivera. Fue un placer verlo casar a su hija en ese último capitulo, y tener de acolito al buenazo de Fausto (Juan Carlos Franzoni), que yo ya temía, que al final, lo achicharran más de lo que ya estaba.
Triunfo del amor será recordado por muchas cosas, aparte de ser el segundo emparejamiento de Levyrroni. Victoria Ruffo nos demostró lo que ya sabíamos, que se ve guapa llorando, pero nos sorprendió al revelar como se vería de villana. Su personaje de Victoria era fuerte, duro, mandón y hasta cruel y egoísta. Fue refrescante verle esa nueva faceta y sumamente delicioso admirar esos duelos con Doña Bernarda.
Daniela Romo superó a villanas anteriores otorgándole a su Bernarda una dimensión cómica, casi paródica. A la vez supo retratar fehacientemente los peligros del fanatismo y como una mente enferma puede distorsionar los conceptos religiosos.
Villanos irrompìbles
Dicho esto tengo que quejarme del aluvión de villanos. No sólo había la galería usual de delincuentes de las producciones de Salvador Mejía, además la historia estaba colmada de personajes negativos (¿Me estaré volviendo vieja o me resultaron mas egoístas que en versiones anteriores?) como Linda (Dorismar), Osvaldo (Osvaldo Ríos), Fer (Livia Brito) y Victoria.
Para colmo, los villanos eran irrompibles y su final fue desilusionante. Acostumbradas a castigos monumentales que la dupla Mejía Abud siempre impone a sus malvados, nos sorprendió la ausencia de gore en este capitulo final.
Ya cuando vi a Jimena (Dominika Paleta) sumergirse bajo tierra pensé: “Ahí, ahí te quedas enterrada viva como Diana Bracho en Fuego en la sangre” Y no, que la condenada se desentierra muy campechana para presentarse, con cara de loca como una villana de animé, en la boda de María Desamparada, donde nuevamente no pudo matar a su victima. ¡Loser total!
La expresión “criminal endurecida” cobró nueva significado con Doña Bernarda. Fue delirante verla salvarse de una ensalada envenenada, y de un vehículo en llamas. Sin embargo, cuando planeaba su magna huida ,un mero fallo técnico dio con su avioneta y con ella en el suelo. ¡Qué final tan flojo! ¿Y qué culpa tenía el piloto?
Pero lo que fue el disloque fue el final de Jimena y Guillermo (Guillermo García Cantú). Después de pasarse el capitulo tratando de matarse mutuamente, aparecieron en un auto huyendo la policía, y muy compinches. Aun más incomprensible, se juran amor eterno, hacen un pacto suicida, se abren las venas y se avientan al vacio como Thelma y Louise. ¿A propósito, ese final no estuvo copiado del suicidio de Chantal Andere y Alexis Ayala en Barrera de amor?
La plaga anónima y los besos fatales
No podemos terminar un recuento de Triunfo de amor sin hablar del tema médico que cobró importancia al final de la novela. Siempre he sentido que hay algo de inhumano en el modo en que la gente sobrevive males terribles en la ficción. La cura rápida y casi sin incomodidades de Victoria del cáncer es una muestra, pero esa es una falla profesional de los dramatizados incluso en los estadounidenses.
Sin embargo, la plaga “anónima”, que asoló los capítulos finales fue risiblemente ofensiva. Las Marujas agradecemos, aplaudimos y regalamos nuestros "besos Marujos" a cualquier producción que nos traiga a Mark Tacher, ¿pero por qué Alonso tuvo que ser la única víctima de esa extraña peste, (digna de ser investigada por el Dr. House y su equipo)? En versiones anteriores nunca se nombró el mal terminal que afectaba al personaje, pero para todos los efectos era leucemia. Y como saben la leucemia no es contagiosa, no se propaga por besos, no se cura con trasplantes de riñón sino de medula.
Yo me quedé con una cantidad de interrogantes. ¿Cómo si la enfermedad era una pandemia e incluso se trabajaba en una vacuna, nadie mas resultó afectado? ¿Qué enfermedad es esa que se propaga por besos fatales? Ni que fuera el herpes Que suerte para Max que fuera tan duro de matar como los villanos y se curara milagrosamente, ya que sino Osvaldo también tendría que cederle un riñón. Por último, pregúntenle a un oncólogo, pero no creo que una paciente reciente de cáncer como Victoria pudiera andar regalando riñones así como si nada.
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